Orígenes

Nacida de la acción de los Masones constructores de catedrales, la Masonería operativa se había organizado y había creado un mundo aparte. Dichos Masones se desplazaban sin cesar, de construcción en construcción, emancipándose de la autoridad de las corporaciones, de los señores y de la Iglesia. Formaron oficios francos (libres) y se liberaron del pago de los impuestos. Se convirtieron en Francmasones y su importancia se desarrolló del siglo XII al XIV, para posteriormente disminuir poco a poco.

En los comienzos del Renacimiento, el protestantismo, al oponerse a la Iglesia, había debilitado Romania y provocado una ruptura en el mundo cristiano. Galileo, apoyándose en la ciencia y en las matemáticas, había abierto a los investigadores de la época un mundo nuevo y también había probado que el Universo parecía ser infinito. La ciencia avanzaba rápidamente y se establecía una separación entre el dogma de la religión y el terreno de la razón.

A fines del siglo XVII aparecía la idea de un deísmo que se dirigía, poco a poco, hacia la noción de un creador, similar a un gran arquitecto o a un gran relojero, que habría creado el mundo según reglas inmutables. La Masonería se había mantenido en Gran Bretaña, donde la guerra civil y los conflictos religiosos habían marcado considerablemente el siglo XVII. El paso de Masonería operativa a Masonería especulativa se dio en forma gradual. Las Logias de Masones operativos recibían a Masones aceptados que participaron de las discusiones y luego fueron iniciados.

En el siglo XVIII, dos hechos van a marcar la evolución de la masonería especulativa. En primer término, una marcada laicización que se basa, según la ideología Andersoniana, en un punto sobre el cual todos los hombres parecen estar de acuerdo: el Deísmo, una especie de religión natural libre de toda restricción que busca la felicidad para todo el mundo (Anderson es el autor de las Constituciones de los Francmasones de 1723, obra fundamental, base de la Masonería especulativa masculina). Por otra parte, se manifiesta una tendencia a la universalidad a través de una apertura hacia el espíritu de las luces, caracterizado por el respeto de la tolerancia y por la fraternidad. La revolución iba a consagrar este estado de conciencia, que numerosos masones manifestaban, con la defensa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, así como con el rechazo de todo dogmatismo.

El siglo XIX fue el campo de batalla para la ampliación de los derechos, particularmente el respeto de cada uno y del pensamiento de los otros así como del derecho de la mujer a conquistar la igualdad de derechos cívicos.

Es justamente en este terreno que Georges Martin y María Deraismes iban a alterar, con la creación de “Le Droit Humain”, el orden establecido desde hacía siglos y a establecer la liberación de la mujer.

Annie Besant, célebre feminista inglesa miembro de “Le Droit Humain”, se expresaba así:

“Si bien es verdad que fueron los ingleses quienes llevaron la masonería a Francia, son los franceses quienes la traen nuevamente a Inglaterra hoy, regenerada, habiéndola completado y fortificado por medio de la admisión de la mujer en la Logia al lado del hombre.”